martes, 29 de enero de 2019

"La sombra" (de "Vivir sin estar viviendo")


"La sombra"

Al despertar de un sueño, buscas 
Tu juventud, como si fuera el cuerpo 
Del camarada que durmiese 
A tu lado y que al alba no encuentras. 

Ausencia conocida, nueva siempre,                 5
Con la cual no te hallas. Y aunque acaso 
Hoy tú seas más de lo que era 
El mozo ido, todavía 

Sin voz le llamas, cuántas veces; 
Olvidado que de su mocedad se alimentaba     10
Aquella pena aguda, la conciencia 
De tu vivir de ayer. Ahora, 

Ida también, es sólo 
Un vago malestar, una inconsciencia 
Acallando el pasado, dejando indiferente         15
Al otro que tú eres, sin pena, sin alivio.



La sombra representa en este poema la juventud del poeta; es muy interesante la forma en que Cernuda reflexiona en él sobre el paso del tiempo y la pérdida de la juventud. 

Al inicio del poema identifica a la juventud con el cuerpo del amante que dormía en su cama y que se ha marchado antes de que amaneciera. (vv. 1-4) La imagen del amante ausente que parte antes del alba es muy oportuna para describir una pérdida de la que el poeta no es consciente hasta que se produce. La juventud no se disipa de un día para otro, sino que su desaparición se evidencia en el momento que el poeta se detiene, salido de un sueño (su vida hasta ese momento) y se da cuenta de que ya no está. 

Esa "ausencia conocida" hace referencia a que Cernuda reconoce la falta de su juventud de manera repetida y no por ello resulta menos sorprendente para él ("nueva siempre"), pues no se siente identificado con el hecho de ya no ser joven ("con la cual no te hallas"). Y aunque el paso del tiempo haya indudablemente hecho de él una persona por completo distinta del muchacho que entonces era ("Y aunque acaso  / Hoy tú seas más de lo que era / El mozo ido", vv. 6-8), aún sigue con la vista atrás, buscando en vano su juventud (v. 9). 

El poeta siente cierto alivio cuando reconoce que la pena aguda de su juventud (el deseo que sentía siendo adolescente) en parte se acrecentaba por su inexperiencia y frustración de entonces (v. 10-12). El consuelo que le queda es percatarse de que ese deseo ha desaparecido también con la marcha de la juventud, y que de él solo queda un "vago malestar", un eco sin importancia que no le afecta en su presente, en el que no hay ni pena ni alivio, solo una especie de vacío caracterizado por la indiferencia (vv. 13-16)  

Esta constatación final es la prueba definitiva de que la juventud ha pasado y que Cernuda se halla ya en la madurez, lejos de las pasiones y los deseos de sus años mozos. Hay una clara aceptación de su derrota vital en ese cierre de apatía e indolencia, que muestra el decaído estado de ánimo de Cernuda por aquel entonces.

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